domingo, 5 de abril de 2009

El egoísmo que se disfrazaba de generosidad

Hace años, conocí a la generosidad en persona. Disfrutaba haciéndole regalos a todos, costasen lo que costasen: llaveros, monederos, camisetas, zapatos, vestidos, maletas, abrigos, cámaras de foto, comidas, cenas, entradas para espectáculos, viajes sorpresa… Era feliz haciendo de cada ocasión una fiesta original: se rodeaba de duendes, de ibicencas, de hippies, de andaluzas… Claro está, que la buena marcha de su negocio (impulsada por sus implicadísimas empleadas) se lo permitía. Parecía increíble el incontrolado tren de vida que llevaba y, más increíble aún que, siendo ella la maquinista, invitara tan a menudo a subir a sus empleadas.
Pero la situación cambió, con tan mala suerte que todavía no le había dado tiempo a hacer un curso sobre “Cómo prever o adaptarse a las diferentes situaciones”. De un día para otro, ya no sólo no las invitaba a subir, sino que a algunas de ellas las iba dejando tiradas en la vía, con el inevitable riesgo de que otro tren de otro tipo de vida pasase sobre ellas.
Ahora ya no es maquinista (muy posiblemente porque le quede algo de conciencia) pero, desde el banco del andén donde llevo tantos años sentada observando, puedo darme cuenta de que sigue ahí, justo detrás de la puerta de la cabina, mientras sus incondicionales ex acompañantes sufren los retrasos inmerecidos a consecuencia de que ella continúe de polizón.
Desde mi banco, echando la vista atrás, me he dado cuenta de que ella no se sentía feliz al regalar porque así veía felices a los demás, sino porque se sentía bien ella misma, esperando que los demás se lo agradeciesen con hechos después.
Y ahora es cuando he comprendido que, hace años, conocí al egoísmo que se disfrazaba de generosidad.

viernes, 27 de marzo de 2009

Así empezó todo...


RIMAS Y LEYENDAS, GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Rima XXIII
[A ella. No sé...]
Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡Yo no sé qué te diera por un beso!

Así empezó todo...
La curiosidad de aquella niña que sólo leía los libros que le obligaban en el colegio la llevó hasta aquel libro azul con letras brillantes al que le faltaba la cubierta que protegía sus tapas. Lo tomó entre sus manos, abrió una página al azar y se encontró con la rima XXIII. No tuvo pereza para leerla, pues era corta, muy corta.

Al terminar, se quedó maravillada: unos versos sencillos a la vez que intensos, aunque se preguntaba por qué se llamaba rima si no rimaban. "¡Cuánto sentimiento!" - pensó - "Si alguien fuera capaz de sentir eso por mi, yo le daría la luna". Su curiosidad aumentó y quiso leer otra rima:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

- ¡Vaya! Esta sí rima pero… ¿qué es una pupila? ¿por qué se la clava? ¿y cómo puede una persona ser una poesía? – se preguntaba la pequeña. Y abrió otra página para continuar leyendo, esperando encontrar otra que pudiera entender:

Los suspiros son aire y van al aire!
Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?

Y siguió leyendo rimas más largas y sintió envidia de cómo aquel hombre podía escribir cosas bonitas, aunque algunas no tuvieran mucho sentido. Quiso escribir como él y empezó sus primeros pasitos escribiéndole poemas chiquititos a su madre, para decirle cuánto la quería, acompañados de algún que otro dibujito con colores. Aquella niña creció rápido, a la par que fue escribiendo. Probó con poemas a su primer amor… y más tarde siguió intentándolo con personas especiales de su familia… y su mejor amiga… y el resto de personas que le hacían feliz… y quien le hacía daño… y quien hacía daño a los demás… Pero nunca ha logrado acercarse a aquellos primeros poemas que vieron sus ojos (o sus pupilas, que al fin supo lo que eran). También ha dedicado miradas, pero no ha recibido ningún mundo… ha ofrecido sonrisas, pero no ha recibido ningún cielo… y ha regalado besos. Pero, si os fijáis por las noches, la luna sigue ahí porque todavía no se la ha dado a nadie, quizá el motivo es porque “poesía… no es ella”.

Ahora, continúa escribiendo “intentos” de poemas y también algo de prosa en su humilde blog. Y sigue llena de envidia sana al recordar aquel libro y al visitar los rincones de otros habitantes de la blogsfera.

jueves, 19 de marzo de 2009

Me llamabas Paquito

Sé que me llamabas “Paquito” antes de conocerme, cuando sabías que existía pero aún no habías visto mi carita. Lo sé porque oí por casualidad una grabación en cassette de aquel entonces. Pero, cuando llegué al mundo, te diste cuenta de que no era posible ponerme tu nombre, pues nací niña.
Ahora, noto que ya no te importa que no sea un varón y no me llame como tú porque, día a día (haciendo honor a mi nombre) intento iluminar vuestro camino juntos, gracias al cual hoy existo.
Quizá en algún momento del recorrido sentiste que no estuve ahí, pero he estado siempre. Fue un eclipse que ocurrió mientras tuve que poner toda mi energía para poder iluminar lo máximo posible. Nunca se borrará de mi mente aquel día que te vi por la calle pero alguna fuerza superior a mí me impedía llegar a ti. No me arrepiento de aquel eclipse porque era necesario y porque gracias a él me conocí más a mi misma, me di cuenta de cuánta luminosidad puedo llegar a desprender hasta casi quedarme sin energía.
Hoy, mi luz es tenue, cálida… Ahora recorro un camino paralelo que me permite seguir iluminando el vuestro, desde el que te observo a pequeña distancia a la vez que me siento orgullosa de la positividad con la que estás afrontando la prueba más difícil que te ha puesto la vida.
No olvides nunca que siempre estaré aquí, con mis energías recargadas, dispuesta a afrontar cualquier otro eclipse, sea cual sea su origen.

TE QUIERO…


FELIZ DÍA

miércoles, 11 de marzo de 2009

A quien madruga...

Dicen que a quien madruga, Dios le ayuda… Yo todavía eso no lo tengo muy claro (ni lo de Dios ni lo de la ayuda), lo que sí tengo claro es que quien madruga tiene más tiempo. Y yo, además de eso, recibo un regalo diferente cada día. No importa si madrugo voluntariamente o por obligación; si es para ir a trabajar, para ir al gimnasio o para irme de viaje; si me levanto con el pie izquierdo o el derecho; si me despierto de buen humor o con el “rabo revuelto”, como diría mi madre (aunque, de momento, no me he encontrado el rabo, ni revuelto ni sin revolver). Mi regalo siempre está ahí, esperando a que salga a la calle y lo recoja. Unas veces, sólo puedo recogerlo con los ojos y se pierde en mi mala memoria… otras, tengo la suerte de poder pararme, recogerlo con mi cámara de fotos y quedármelo para siempre. Sea como sea, al recogerlo, se me olvida si madrugué por obligación, si era para trabajar, si primero pisé con el pie izquierdo, si el rabo que todavía no me he encontrado estaba revuelto… simplemente me siento feliz de haber madrugado, pienso que ha merecido la pena y empiezo la mañana con positivismo.

Quería compartir algunos de estos regalos con vosotros. Evidentemente, no es lo mismo verlos en foto reducida que en persona, pero aquí os dejo unos cuantos (los que más me gustan). El último regalito es un recuerdo que cogí una tarde paseando por Malatascañas. Espero que os gusten.

Besotes.

P.D. Si pincháis sobre ellas, seguramente podréis verlas más grandes (quizá demasiado, jeje).

















miércoles, 4 de marzo de 2009

Ilusión


Nací con mi sentimiento más frágil: la ilusión. Y empecé a crecer con ella. Estaba descubriendo un mundo nuevo: sonidos nuevos, fragancias nuevas, sabores nuevos, colores nuevos… también conocí las caricias, los besos, los abrazos... Creo que ya desde entonces, me encantaba sentir cosas nuevas.

No pasó mucho tiempo cuando se me cayó ese sentimiento al suelo y se me rompió en pedacitos. Fui recogiéndolos uno a uno y pegándolos todos, esperando que no ocurriese más. Pero en todos estos años se me ha vuelto a caer en infinidad de ocasiones; empiezo a pensar que nací con manos de gelatina. Aunque soy Sagitario e impaciente, heredé la cabezonería de Tauro por parte materna, que siempre me ha ayudado a pegarlos todos una y otra vez; aunque acabe con diferentes formas, pero persiste. A veces, mientras estoy manos a la obra, se me clavan los trocitos y se me hacen heridas… y me duelen… sobretodo si es otra persona la que ha hecho que se me caiga. Pero, a día de hoy, continúo empeñándome en unir esos cachitos (todavía los conservo todos). Disculpadme si no escribo mucho más, tengo sesión de manualidades; ayer terminé una figura nueva y esta tarde se me ha vuelto a caer.

Por cierto… ¿alguien conoce un pegamento resistente a todo? Gracias anticipadas.

lunes, 23 de febrero de 2009

Una burbuja


Para que nadie te haga sufrir,
una burbuja quisiera fabricarte,
rellenarla de sosiego y felicidad
y en el interior poder cobijarte.

Mas desconozco la manera,
tampoco sé con qué materiales;
día a día estudio los proyectos
pero siempre quedan en el aire.

La impotencia embriaga mi mente,
continúo sin poder ayudarte,
mientras las insistentes agujas
no paran de importunarte.

Incomprensible, no lo mereces,
es completamente intolerable
que lluevan espinas del cielo
a quien tiene espíritu de ángel.

Pero no cesaré en mi empeño
y crearé esa burbuja invulnerable,
y lograrás meterte dentro
para que nada ni nadie te dañe.


A quien me cobijó con mimo durante mis primeros 9 meses
y me sigue protegiendo 28 años después.

viernes, 20 de febrero de 2009

Sin lengua y sin dedos

Llevo unos días acordándome de tres personas con el mismo nombre: Eva.

Una de ellas, la autora del blog “Sólo son palabras…”, uno de mis favoritos. Un día entré y leí que buscaba una montaña donde poder gritar… ahora yo busco esa montaña, pero no sólo para poder gritar, sino para quedarme allí para siempre.

La segunda, es posiblemente la única persona que conozco que podría calificar como “mi amiga”… Vivía entre montones de edificios y coches, en una ciudad, y tuvo la admirable valentía de dejarlo todo (menos a su compañero de aventura) e irse a vivir a casi 900 km., al lugar que yo considero el más bonito de España… verde y montañoso (aunque demasiado fresquito para mi gusto).

La tercera persona es la más conocida de las tres y canta esta canción que lleva días en mi cabeza:



Me gusta decir las cosas que pienso pero (por desgracia, en este caso) desde pequeña me enseñaron a tener educación y respeto hacia los demás (aunque no se lo merezcan), a no dejar mal a unas personas delante de otras, a no dañar al prójimo, a que dos no discuten si uno no quiere (y parece que últimamente la que no debería querer soy yo)… Por todo esto, me estoy quedando sin lengua de tanto mordérmela y sin fuerza en mis puños de tanto apretar para que mis dedos no escriban.

Ahora escriben, pero no todo lo que quisieran y sin decir nombres ni porqués; simplemente para que el huracán de ideas vaya saliendo poquito a poco por ellos y alivie un poco mi mente (aunque no lo aniquila). Hay veces que no lo consigo y mis pensamientos empiezan una especie de centrifugado que hace que se choquen unos contra otros como nubes grises y empiezan a llover palabras que salen por mi boca descontroladamente. Y, después de la tempestad, vuelve la calma, la educación y el respeto otra vez.

Quisiera encontrar la montaña de Eva (la de las palabras) en el lugar donde vive Eva (mi amiga) y hacer lo que dice Eva (la del grupo Amaral); no por cobardía, sino porque debo estar como una cabra, y ya se sabe que las cabras tiran al monte (seguramente para estar tranquilas, como yo quiero estar).

martes, 17 de febrero de 2009

Niñato

¿Qué derecho crees, niñato,
que tenías sobre ella
para arrebatarle la vida
de esa cruel manera?

Ojalá pudieran pagarte
con tu misma moneda
pero, por gran desgracia,
la justicia no la contempla.

Sólo espero que Marta,
allá donde esté, pueda
tener suficiente dominio
y amargarte la existencia.

martes, 3 de febrero de 2009

Añorado hermano

Añorado hermano:

¡No sabes cuánto te he echado de menos durante estos años! Me he acordado muchas veces de ti: unas, alegrándome de que no estuvieses para no tener que vivir conmigo mis peores penas, que también serían las tuyas; otras, lamentándome por no poder contarte en persona mis mayores ilusiones. En ambas situaciones, siempre he echado en falta tu abrazo.

En todo este tiempo, he tenido que aprender a soportar las desavenencias entre Mamá y Papá y a sobrellevar sus “pausas” (a veces incluso actuando de “negociadora”). Ahora parece que, más o menos, todo está en calma… pero sigo ojo avizor; la vida me vuelto muy desconfiada.

Ahora los observo un poco de lejos, pues hace un año que JC y yo nos independizamos. Estamos viviendo a unos tres kilómetros de su bungalow, en un piso de una zona tranquila de La Nucía. Que la zona sea pacífica, no quiere decir que los vecinos del edificio también, pero ya sabes que no hay nada perfecto. Al menos tenemos nuestra casita, con los muebles escogidos con ilusión a nuestro gusto. ¡Cómo me gustaría que estuvieras aquí para verlo!

Otra cosa que no te he contado es que, después de varios empleos en malas condiciones y jefes nefastos, he terminado en un trabajo en el que estoy a gusto. Estoy muy contenta por estar en un departamento que me gusta, con un horario bueno y un jefe genial ¡y hasta me han hecho indefinida a los 6 meses! Además trabajo con JC, pero no te preocupes, nos llevamos bien y somos buenos compañeros.

Referente a lo de tener un sobrinito para ti… está un poco complicado. Quizá si la vida fuera un poco diferente… No me gustaría traerlo a un mundo donde, por lo general, los que más “tienen” son los que más “valen”. Donde los adolescentes no respetan a nada ni a nadie, incluso desde que eran niños. Donde hay que andar con pies de plomo y no fiarte de la gente, hasta que te demuestre que puedes hacer lo contrario. Donde, tal como están las cosas, no podría darle todo lo que necesitase para evitar que se sienta diferente o que lo traten de manera diferente. Todo es muy distinto comparándolo con hace unos años… y cada día más.

Por todo esto, hemano, tengo sentimientos encontrados: desear tu presencia y alegrarme por tu ausencia. Pero, en lo más profundo de mi corazón, sólo encuentro esta frase egoísta:

“Mi querido hermano mayor, ¡ojalá hubieses existido!”

viernes, 30 de enero de 2009

¡Lluvia!

La Nucía, 25 de enero de 2009.

Nunca me ha gustado la lluvia; no es que la odie, porque sé que es necesaria, pero siempre he dicho que debería llover por la noche, cuando todos estamos durmiendo y no molesta… hasta hoy.

Llevaba aproximadamente 30 horas pendiente de la televisión, haciendo llamadas para ver si mis conocidos estaban bien, llamando a mi madre a Málaga para irle informando de la situación, mirando al cielo completamente descubierto de nubes pero cubierto de humo. Ayer a mediodía pasé por el bungalow de mis padres a recoger a mi padre y a Lunita para que se viniesen a casa a comer, pues la policía había estado por allí aconsejando que se fueran debido al humo tóxico que venía de la zona del Copet. Yo misma respiré por unos minutos aquel viento enfurecido tan cargado que me obligaba a no dejar de toser. Miré al cielo mientras entraba en mi coche y observé como un humo gris-anaranjado cubría el sol hasta no dejar ver ni uno de sus rayos; sentí mucho miedo. Salimos justo en el momento en el que estaban cerrando la entrada a la urbanización.

En casa se había ido la luz desde por la mañana; estuvimos toda la tarde expectantes, mirando continuamente por la ventana para ver si ya no había columnas de humo o había parado el terrible viento. Cuando vimos que los golpes de humo eran cada vez más distantes, decidimos volver al bungalow para ver si ya dejaban pasar. Ya no estaban ni la policía ni las ambulancias y pudimos entrar sin problemas. El aire seguía cargado, pero no tanto como por la mañana, aunque seguía teniendo la misma fuerza. Estuvimos viendo la televisión y luego me fui a Benidorm un rato. La carretera ya no estaba cortada, pero los desvíos a las urbanizaciones sí. Por el camino, impresionaba ver los carteles retorcidos, los árboles arrancados de cuajo y el camión de bomberos atacando con la manguera desde la carretera hacia el barranco cercano a la casa que, mucho tiempo atrás, había sido de peones camineros y ahora la han dejado como adorno en la rotonda.

Al volver a La Nucía, una vez había anochecido, el corazón se me encogió al ver aquella imagen: La montaña que tantas veces había contemplado, aquella de la que hice un dibujo con toda mi ilusión para el concurso que pretendía ganar y así lo estampasen en las camisetas de mi colegio (que se llamaba como ella) estaba partida en dos por una impresionante línea vertical de fuego. A sus pies, más llamas formaban una línea discontinua horizontal. Volví a sentir miedo y pensé en quedarme a dormir en el bungalow para que, en el caso de que hubiera noticias, tenerlas de primera mano. Me dormí con la incertidumbre de si vendrían a despertarnos a media noche para que saliésemos corriendo.

Abrí los ojos a las 9:00 y lo primero que escucharon mis oídos fue el sonido de los helicópteros y los hidroaviones. Sentí alivio, al menos el fuerte viento había amainado y hoy sí podían atacar desde el cielo, que seguía despejado de nubes. Subí a casa. El pueblo estaba lleno de vehículos especiales y personas (profesionales y voluntarios) que, por sus caras, habían estado trabajando toda la noche, aunque no habían perdido el buen humor (seguramente porque se sentían satisfechos por el trabajo que estaban realizando). Sentí ganas de darle las gracias a todos y cada uno de ellos. En casa ya teníamos luz, así que había que ponerse a limpiar, cocinar y, más tarde, comer. Tras nuestra merecida siesta, he levantado la persiana y he observado sorprendida el paisaje: Como si de un milagro de la naturaleza se tratara, el cielo, que hacía un ratito estaba despejado, ahora está totalmente cubierto de una densa y enorme nube que llora desconsoladamente las lágrimas que yo tenía contenidas desde hacía tantas horas. ¡¡¡Biennnnn!!! Siento más alivio aún. Me he alegrado por todos aquellos que están repartidos por la montaña trabajando sin descanso, los imagino sonriendo como lo estoy haciendo yo. Por una vez en mi vida, soy feliz porque está lloviendo.

jueves, 15 de enero de 2009

Eres mío

Abrazas mi espalda, mi cabeza, mis piernas… me dejo llevar.
Te tengo en mis manos… me siento libre.
Me encantan tus iris azules, me dan energía… me acelero.
Juntos desde hace más de 7 años y siempre que te necesito, estás ahí.
Si estoy triste o enfurecida, pasear contigo me alivia.
Te confío mis secretos, pues sé que nunca los contarás a nadie.
Siempre que te he pedido calor, me lo has dado.
Si necesitaba refrescarme, encontrabas el modo.
Quizá a veces he sido un poco brusca contigo… perdóname, ya sabes que soy temperamental.
Seguramente no te mimo lo suficiente…lo siento, soy un poco descuidada.
No te voy a negar que he pensado en otros más guapos, más jóvenes… pero sólo tú me haces feliz.
Hemos viajado varias veces a mi tierra, mi familia te conoce bien.
Eres mío, sólo mío... aunque no eres el primero, para mí es como si lo fueras.
Quisiera que nunca cambiases, que siguieras como hasta ahora y así estar juntos muchos años más.
Te quiero y no imagino mi vida sin ti… no quiero pensar lo inevitable, pero es ley de vida: finalmente, algún día ya no serás el mismo y me veré obligada a abandonarte… en un desguace.


Estos son sus iris azules, están un poco borrosos... ¿será la emoción de ver la dedicatoria?

viernes, 9 de enero de 2009

¡A sus órdenes, mi capitán!

Se presentan ante usted
las soldados FHC52 y EJH80
dispuestas a luchar,
para que lo tenga en cuenta.

Cierto es que la batalla F
aún no ha sido ganada,
pero la batalla S
tenemos que superarla.

Como buen capitán,
en su valentía confiamos,
que, unida a nuestro apoyo,
derrotará a los adversarios.

Permítame informarle
que, si rendirse decidiera,
estas soldados marcharían
a seguir su propia guerra.

Esperamos que no ocurra,
pues estamos decididas
a combatir hasta conquistar
esta guerra que es la Vida.
Ha pasado el tiempo y la batalla F ya ha sido ganada...
¡Ánimo, sólo nos queda una!

domingo, 4 de enero de 2009

Queridos Reyes Magos



Queridos Reyes Magos:

Ante todo, disculpadme por haber dicho durante tanto tiempo que prefería a Papá Noel porque venía antes… Me he dado cuenta de que, en realidad, no viene antes, es que no viene. Imagino que a estas alturas de la vida me conoceréis y sabréis que no soy materialista; quizá ese sea el problema de que Papá Noel no puede conseguirme lo que le llevo pidiendo desde hace aproximadamente 20 años. Siempre he pensado que las Navidades son para que las familias pasen más tiempo unidas, pasándoselo bien, con la excusa de comer o cenar juntos. Viendo, desde pequeña, que estos requisitos no se cumplían, decidí pedírselo año tras año a Papá Noel después de haberme portado lo mejor que podía durante los 12 meses anteriores. Confiando en que lo conseguiría y, puesto que vosotros venís después de esas fechas, nunca os lo he pedido. Pues bien, se me ha acabado la paciencia; una vez más, Papá Noel no ha aparecido por aquí este año y me he portado mejor que nunca:

- En mi trabajo me hicieron indefinida, será porque me he portado bien ¿no? Además, este no lo voy a dejar como los demás, pues estoy a gusto.
- Me he independizado, como debe hacerse a ciertas edades.
- Me porto bien en casa, tanto económicamente como colaborando en las tareas.
- He sido generosa, dando mi brazo a torcer en cierto asunto que conoceréis, esperando que todo salga bien definitivamente.
- Intento ser amable con la gente, incluso cuando no se lo merecen.
- He amadrinado a una niña (ya sé, hace tiempo que dije que quería hacerlo, pero ha sido este año cuando al fin he podido).
- Y algunas pequeñas cosas que ahora mismo no vienen a mi mente pero que, si tenéis buena memoria, os acordaréis vosotros.

En fin… qué os voy a contar que no sepáis ya. La cuestión es que somos pocos, pero nunca hemos podido cumplir “esos requisitos” todos a la vez, cada uno por sus motivos. Para que me entendáis: si ordenamos a “esos pocos” por fecha de nacimiento, al principio los requisitos no se cumplieron por la persona 3. Una vez solucionado el tema, que costó bastante tiempo, a la persona 1 no le era posible. Total, que al final ha pasado esta Navidad y nada. Ahora parece que dicha persona sí tiene la posibilidad, por lo que se me ha ocurrido celebrar vuestro día en nuestra casa, pero la persona 4 no está por la labor. Menos mal que las personas 2, 5, 6 y 7 no hemos tenido inconveniente en ningún momento y esto lo hace un poco más fácil (al final voy a pensar que es cuestión de edad, cuando uno se va haciendo mayor… ya se sabe).

Por todo esto, queridos Reyes Magos, aprovechando que las letras por Internet llegan pronto y, puesto que sois 3 y tendréis más “magia”, os pido que hagáis realidad el regalo que pacientemente he estado esperando. Os prometo que, si es así, volveré a creer en vosotros.

Sinceramente…

Yo.

domingo, 28 de diciembre de 2008

A Manuel Acejo

Aún recuerdo la imagen
de su persona allí arriba,
recitando sus versos
mi corazón estremecía.

Aquellas letras humildes
con aire de Andalucía,
me recordó a mi abuelo
recitándome poesías.

La sorpresa me entristeció
cuando mi madre me contaba
que Manuel Acejo Pulido
la tertulia abandonaba.

Mi imaginación no alcanza
la ausencia de su poesía
sencilla pero profunda,
con ese toque de alegría.

Por eso me salió del alma
dedicarle estas letras
para animarle y darle fuerzas

aunque no sea una experta.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Ahora te encuentro

¿Cómo estás?
¡Cuánto tiempo!
Te busqué mucho,
ahora te encuentro.

Pregunté por ti
de veces un ciento,
nadie respondió;
te estaba perdiendo.

No querías volver
y, no entendiendo,
llegué a enfadarme
hasta con el viento.

Hoy sí quieres,
ahora comprendo:
la decisión era tuya
y este el momento.

No vuelvas a irte
pues fuerzas no tengo
para volver a buscarte
con todo mi empeño.

No hagas ruido,
si decides hacerlo,
al cerrar la puerta:
¡no quiero saberlo!

martes, 16 de diciembre de 2008

Ahora que alzo el vuelo

Ahora que alzo el vuelo,
miro atrás y me doy cuenta
de que nadie me querrá como tú.
Por más años que pasen,
ninguno como estos veintisiete:
aguantando pacientemente mis berrinches,
alegrándote de mis logros como tuyos,
sintiendo mis penas como propias.
Ahora que alzo el vuelo,
miro hacia delante y sé
que como a ti a nadie querré.
Simplemente porque así lo mereces
y porque el lazo que nos une
es infinitamente extensible,
mas nunca llegará a romperse.
Pero ahora vuelo tranquila
porque nadie perturbará tu serenidad;
yo estaré cerca para que así sea.